Revista Científica Arbitrada en Investigaciones de la Salud ‘‘GESTAR”. Vol. 8, Núm. 16 (Ed. Jul – Dic
025) ISSN: 2737-6273
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El papel del sistema inmuno-inflamatorio en los trastornos psiquiátricos.
componente de la fisiopatología
psiquiátrica, integrando la clásica
dicotomía mente-cuerpo en una
visión unificada donde los procesos
inflamatoria y mayor riesgo de
depresión, sin que uno cause
directamente al otro sino ambos
derivados del trauma). Por lo tanto,
aunque la asociación inflamación-
psicopatología está bien establecida,
inmunes
y
psicológicos
se
influencian mutuamente (1,2).
la
causalidad
exacta
sigue
No obstante, es fundamental
destacar que la relación entre
inflamación y trastorno mental es
investigándose.
Pese a estas complejidades, las
implicaciones prácticas ya se
vislumbran. La evaluación del perfil
inflamatorio podría incorporarse en
la caracterización de pacientes, y las
compleja
y
probablemente
bidireccional. Por un lado, un estado
inflamatorio crónico puede contribuir
a la aparición o agravamiento de
síntomas psiquiátricos – evidenciado
por estudios donde la inducción de
inflamación genera síntomas de
intervenciones
antiinflamatorias
emergen como un complemento
valioso en ciertos casos (15,16). La
psiquiatría, históricamente centrada
en neurotransmisores y psicoterapia,
expande ahora sus horizontes hacia
una disciplina integrativa donde
términos como citocinas, microglía o
NF-κB pasan a formar parte del
vocabulario clínico. Este cambio de
paradigma abre oportunidades para
mejorar la calidad de vida de los
depresión,
o
por asociaciones
longitudinales entre niveles elevados
de citocinas y riesgo futuro de
depresión/psicosis (1,2). Por otro
lado, sufrir un trastorno psiquiátrico
grave conlleva estrés crónico,
alteraciones hormonales y de estilo
de vida que a su vez promueven la
inflamación, cerrando así un círculo
de retroalimentación. Además, tanto
la vulnerabilidad a la enfermedad
mental como a respuestas inmunes
alteradas pueden compartir bases
genéticas y ambientales comunes
pacientes:
holísticos que aborden tanto la
mente como el cuerpo,
tratamientos
más
personalizando estrategias según si
un paciente presenta, por ejemplo,
inflamación alta con resistencia
terapéutica (posible candidato a
terapia antiinflamatoria) versus otro
(por ejemplo, un individuo con
antecedentes de trauma infantil
puede desarrollar hiperreactividad
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